Humor y mujeres
¿Por qué las mujeres tenían menos presencia que los hombres en el humor?

Humor y mujeres

  • Categoría de la entrada:Blog
  • Comentarios de la entrada:Sin comentarios

Siempre me han preguntado la razón por la que, hace unos años, hubiese menos humor femenino que masculino.

Estos días se han dado una serie de circunstancias que me impulsan a escribir sobre el tema.

La verdad es que nunca me lo pregunté, porque yo no sentía diferencia alguna con los hombres en cuanto a mis derechos y aptitudes.

Por supuesto, había (y hay) machismo, algo que yo observaba como un mal social, una falta de derechos como tantas otras, pero no me impedía verme como un ser completo, capaz de todo.

Y mi sexo era indiferente para alcanzar mis propósitos, independientemente de que la vida se empeñase en unos y yo en otros.

Cuando Soledad Mallol y yo comenzamos con nuestro dúo de humor Virtudes, allá por el año 86, nadie se asombró. Ni en mi casa, ni los productores y empresarios que nos contrataban, ni el público que nos veía y mucho menos nuestros compañeros. Habría sido absurdo, ya que muchas mujeres nos precedían, tanto en España como fuera de nuestras fronteras: Lucille Ball; Carol Burnett; Mary Santpere; Lina Morgan; Las Hurtado; Beatriz Carvajal; Mari Carmen y sus muñecos; Lita Claver (La Maña)…

A la par que nosotras o algo después, surgieron otras tantas (disculpas a las que no cite): Loles León (que por entonces hacía un cabaret muy loco); Las Veneno; Paz Padilla; Pilar Sánchez…

Nunca pensé que mi sexo podía condicionar mi profesión, así que no busqué referentes femeninos, me hubiera parecido tan absurdo como si me hubiesen dicho que, para pensar en mi futuro, me inspirase en personas de mi estatura. Así que adoraba y admiraba a Lucille Ball, Mary Santpere, al maestro Gila, Buster Keaton, Anita Loos (actriz y escritora, autora de “Los caballeros las prefieren rubias”), Stella Gibbons (escritora autora de “La hija de Robert Poste”, considerada la novela cómica más perfecta de la literatura inglesa del siglo XX), Úrsula K. Le Guin (escritora de ciencia ficción), Ray Bradbury (ya sabéis, igual que Úrsula), Julio Verne, Agatha Christie, Julio Cortázar, Hildegarda de Bingen (¿no sabes quién es? Búscala, era mi heroína cuando era pequeña), y un largo etcétera.

Lo que sí me parecía incomprensible era que todo el mundo nos vaticinase, con enorme tristeza, que íbamos a durar escasamente dos años como pareja profesional, ya que, al ser mujeres, era de toda la galaxia sabido que las chicas somos muy celosas y competitivas y que nos acabaríamos enfadando.

Eso me explotaba la cabeza.

Y aquí estamos, treinta y seis años después, con el mismo cariño y admiración mutuas.

También me pareció muy retrógrado que no quisieran que trabajásemos notándose nuestra tripa de embarazadas, así que fuimos las primeras en lucir barrigota por las televisiones y escenarios de los ochenta.

¿Lo tuve siempre fácil? ¡Qué va! Pero no más difícil que la vida en general.

Hay que echarle narices.

Si algo me parecía injusto, irracional o rancio, luchaba contra ello. Sin más enemigo que la sinrazón.

Volviendo al tema del principio, me apasiona el estudio de los comportamientos.

Quizá que las mujeres hayan tardado en incorporarse con más fuerza al mundo de la comedia en España, pueda deberse a una razón antropológica. El humor es una estrategia evolutiva (ha ayudado al ser humano en su evolución como tal) y se sabe que ha cumplido y cumple fundamentalmente dos funciones: una emocional y otra social. La emocional es adaptativa, es decir, nos ayuda a integrar la información adaptándonos a la situación. La social se utiliza como herramienta para favorecer las relaciones o para ponernos por encima de otros con nuestra rapidez mental. De este tema ya he hablado en alguna ocasión y lo desarrollaré en otro momento.

Es posible que las mujeres, en el transcurso de la historia, hayamos utilizado más la función emocional que la social, pero esto es una simple teoría.

Me interesan más los mecanismos que utilizamos para crear humor y esos son comunes tanto a hombres como a mujeres.

Dos últimos apuntes.

1. El humor es mucho más que los monólogos y hay tantas formas de hacerlo como mentes pensantes en el universo.

2. No es lo mismo ser actor o actriz de comedia que cómico o humorista. Una actriz o actor de comedia interpreta papeles cómicos dentro de una obra de teatro o película (por ejemplo, Gracita Morales, Chus Lampreave o José Luis López Vázquez).

Una cómica realiza espectáculos o sketches. Aquí podríamos establecer otra diferencia y es si escribe los textos que interpreta, que para mí sería la humorista, pero esto último también es una teoría personal.

Bueno, al fin y al cabo, como todo lo que acabo de escribir.

Y que Hildegarda nos libre de confundir leyes con teorías. Que todo es muy relativo.

O no.

Fotografía: Virtudes en el programa VIP noche.

Compartir en:

Deja una respuesta